Resuelto el enigma del no retorno de Messi, el Barça concentra su atención en la planificación de la próxima temporada en la búsqueda de un sustituto de Busquets, en la posición de mediocentro, una demarcación considerada estratégica en el libro de estilo del juego blaugrana. El hecho de que en la última década y media el puesto haya estado monopolizado por ‘Busi’ hace que el problema no se antoje de fácil solución, con el agravante de que cualquier comparación que se establezca entre el pasado inmediato y el presente pueda resultar nociva para el sucesor, porque a priori en la mayoría de ellas el sustituto puede salir perdedor.
Desde que Guardiola en el 2008 lo ascendiera al primer equipo procedente del filial, recién ascendido de Tercera división, la sombra del de Badía ha sido tan alargada que ha acabado doblegando a cualquier alternativa que osase discutir su monopolio en el centro del campo barcelonista, donde se erigió en el compás del mejor Barça de la historia. Jugadores de perfiles tan diversos, desde Touré, Mascherano, Song o promesas de la Masia como Oriol Romeu, Samper, Oriol Busquets o Jandro, se vieron superados por el empeño por discutirle la titularidad a ‘Busi’.
Sobre el papel los movimientos de la dirección técnica del club (vaya marrón le ha tocado a Deco en su estreno) enfocan su estrategia en encontrar la solución en el mercado de fichajes, donde dos nombres lideran el ranking de candidatos: Zubimendi y Kimmich. En ambos casos el Barça tendría que hacer frente a un costoso traspaso, que por lo que al vasco se refiere la Real Sociedad valora en el pago de la clausula de rescisión, tasada en sesenta millones de euros, y en el del alemán se debería de negociar con el Bayern, pero que seguramente tendría la misma cotización, a no ser que el precio se viera reducido por la inclusión de algún jugador de la plantilla actual, que podría ser Kessie, en la operación.
Llegados a este punto, de difícil aceptación para la delicada economía del club, tal como ha venido sucediendo históricamente en el pasado, desde que hace treinta y cinco años, Cruyff implantase como esencial la figura del 4 en el ajedrez táctico barcelonista, la mayoría de sus ocupantes que antecedieron a Busquets procedían de la cantera, convertida en la forja de verdaderos especialistas en la materia como lo fueron Milla, Amor, Guardiola, Xavi o Motta. Por ello la apuesta más lógica y en la que se debe asentar el plan renove del nuevo ciclo blaugrana debe pasar por volver a poner la mirada en el talento de surge de la Masia, de la que tantos se llenan la boca y pocas veces se recurre como prioridad. Los conocedores del fútbol formativo apuntan un par de alternativas. La primera está asentada en el filial en la figura de Marc Casadó, de diecinueve años, brazo ejecutor de Rafa Márquez, al que se compara por su sentido solidario y polivalencia con la figura de un “stopper”, como lo era en el Liverpool y Argentina, Mascherano. La otra opción, dos años más joven, recién completado su primer año de juvenil, es la de Pau Prim, del que dicen contar de las bendiciones de Xavi, que lo hizo debutar en el último amistoso contra el Vissel Kobe. Formado en todas las categorías del futbol base del club y con un perfil, tanto físico como técnico, que recuerda a los nostálgicos al de Guardiola. Palabras mayores.
No los pierdan de vista porque si en el primer equipo se tiene la valentía de darles oportunidades de forma continuada, seguro que el Barça volverá a tener medio centro para años y a coste cero, sin comisiones de por medio.