Si Bernardo Silva, el City baila

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Si Bernardo Silva, el City baila

El pasado verano, cuando Bernardo Silva ya tenía digerido que el Barça no tenía dinero para ficharle y qué pasaría otra temporada más en el City campeón de Europa, el todoterreno portugués recibió una llamada. Era el Presidente Laporta que, desde la Costa Brava, ponía el manos libres en el teléfono para tener una conversación a tres. El tercer interlocutor era un sorprendido Xavi Hernández que vio como, de nuevo, se intentaba ilusionar a un jugador que, como estaba cantado, no podría venir a Montjuïc. A pesar de la voluntad del jugador y de las buenas maneras de su agente Jorge Mendes, al Barça no le alcanzó.

Esta misma semana, Joao Félix, otro portugués con talento pero con mucho menor constancia futbolística, dijo en Catalunya Ràdio que cree que tiene a su compatriota convencido para que recale en el Barça el próximo verano. Veremos. Porqué, de dinero, el Barça no tiene más que el pasado verano, sino menos, y por lo que cuenta Manel Pérez, el periodista siempre bien informado de La Vanguardia, la gestión económica de Laporta se está poniendo muy fea. Pero cuando hay fútbol del bueno, uno se olvida de todo y anoche, en el nuevo Bernabéu, había una final anticipada de la Champions. No solo por el nivelazo del Madrid y el City, sino porqué en las dos últimas temporadas, el vencedor de esta eliminatoria, se ha convertido en campeón de Europa

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Por lo mostrado ayer, no sería de extrañar que se repitiese la historia. Anoche, en el primer minuto, con muchos culés sufriendo incluso más que si jugase el Barça, Bernardo Silva ya se había metido a la parroquia en el bolsillo. El sorpresivo y lejano gol de falta directa hizo saltar a mucha gente de la butaca. El 0-1 tan tempranero era un cura de humildad a la épica del techo cerrado, de toda la afición de blanco, los 200 partidos de récord de Ancelotti en Champions y de ese olor a la 15 que ya desprendía el galáctico estadio. 

Luego, el partido fue a rachas. Dos goles de rebote del Madrid en dos minutos y, de pronto, un City irreconocible. Pareció un equipo agarrotado por el miedo escénico. Hasta el punto que incluso Rodri fallaba pases fáciles. Y a Bernardo Silva le robaban tres balones por detrás, como si ya jugase en el Barça. Seguro que la arenga de Guardiola en el descanso la veremos pronto en algún documental, porqué su equipo salió del vestuario de otra manera. 

Jugó mucho mejor, con personalidad, con circulación de balón más rápida, mayor verticalidad y sin miedo. Y, en ese fútbol de combinación matemática, el mejor acostumbra a ser el mismo jugador: si Bernardo silba, el City baila. Y los culés contentos con el 3-3. Resultado justo. El Etihad decidirá.

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