El retrato de Modric

Dorian Grey fue una invención de Oscar Wilde sobre un personaje, amoral y libertino, que pactó no envejecer a cambio de trasladar el paso del tiempo a su propio retrato. Salvando las disquisiciones morales sobre el personaje, Modric repite siglos después un patrón que es también como el extraño caso de Benjamin Button. Puede que su cuerpo envejezca, en septiembre cumplirá 40, pero no lo hace su alma deportiva, inalterable al tiempo, ni su alma de futbolista, de eterno talento.

Frente al Girona, en el último partido de liga, abrió la cuenta con un gol antológico, primero por su extraordinario control con el pecho, y después por un formidable disparo inalcanzable para Gazzaniga. Tan indescifrable es su capacidad para regatear una de las grandes certezas del ser humano, que tenemos un final.

Modric comprendió la pasada temporada, puede que no de muy buen grado, que su concurso en el Real Madrid ya no era imprescindible, pero jamás nadie pudo decir que no sería importante. Este año su equipo ha jugado 43 partidos y ha participado en casi todos, aunque haya sido suplente en más de 20.

El comienzo de curso se le hace duro, necesita tiempo para alcanzar la velocidad de crucero, pero cuando lo hace se convierte en un futbolista ejemplar, por personalidad, talento y oficio. 

Igual que el año pasado se enfrenta a la incertidumbre de una renovación complicada que entones saldó con una temporada más. Salvo contratiempo no tengo duda, renovará, tan joven, mientras su retrato no dejará de envejecer.

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