
Rotaciones, las justas
Todo el mundo está contento y feliz, y no es para menos. El Barça atraviesa uno de esos momentos que todo aficionado desea: el equipo está enchufado, en racha, y transmite la sensación de tener esa chispa especial que distingue a los campeones.
El partido contra el Dortmund fue prueba de ello. Un rival que se planta bien y que no es ningún regalo, pese a que algunos quieran desmerecerlo. Y el Barça fue claramente superior. Ahora bien, que nadie se confíe. Hay que seguir con los pies en el suelo. Día a día. Partido a partido. Porque no hay nada hecho. Lo he dicho siempre: nada de rotaciones absurdas. Recuerdo un día que se lo dije a Luis Enrique cuando apostó por los suplentes en Almería y al final tuvo que tirar de toda la artillería, con Messi y Suárez, en la segunda parte. En Leganés, por ejemplo, hay que salir con lo mejor. Aunque, eso sí, hay que reconocer que hoy por hoy, juegue quien juegue, lo hace bien. Y eso también habla del nivel de compromiso de todo el grupo.
Y si hablamos de actitud, firmes con Lamine Yamal. No por su juego, que fue brillante, como el de Pedri, Fermín o De Jong. Lo que quiero destacar es ese gesto que tuvo con Ansu Fati. Ese detalle habla de compañerismo. De que esto no es solo un equipo, es un grupo de amigos que se apoyan, con química dentro y fuera del campo.
Esa armonía, ese buen rollo, es lo que muchas veces marca la diferencia cuando llegan los momentos decisivos. Así que disfrutemos del momento, sí, pero sin perder de vista lo esencial: seguir compitiendo