
Don Carlo
De repente, Ancelotti, que pensaba en un plácido paseo por las nubes camino de Brasil, se ha encontrado subido en la montaña rusa. Quería salir del Madrid el 26 de mayo, un día después del final de la Liga, con el reconocimiento que corresponde al entrenador más laureado en la historia moderna del madridismo -Champions, Ligas, además de otros títulos le avalan– y todo se ha ido al traste.
Negociaciones con la CBF interrumpidas, posiblemente rotas; su salida del club, enredada, porque su aireado romance brasileño y la consiguiente firma del compromiso carece de sentido si continúa viviendo en la casa (blanca). Surgen informaciones sobre el pago del finiquito de la presente temporada y la próxima, que tiene firmada. Y lo que iba a ser una ruptura consensuada -el técnico ya sabe que en el Bernabéu hay acuerdo con Xabi Alonso, su relevo inminente-, sin necesidad de agravios ni de esas pequeñeces como lo del “devuélveme el rosario de mi madre”, se ha convertido en un desencuentro entre el club y el entrenador y entre éste y la CBF. El acuerdo entre las partes saltó por los aires y ahora los brasileños han vuelto a la casilla de salida con Jorge Jesús.
En cualquier caso, la imagen de Ancelotti, don Carlo, no debería quedar empañada por los últimos acontecimientos. Su lealtad al Madrid, el señorío que le ha dado y todos los triunfos que ha conseguido en dos épocas diferentes, son su mejor aval para salir por la puerta grande y empezar como seleccionador brasileño. De él esperaban que organizara una selección que se mueve en la anarquía, que la dotara de sentido común y que aprovechara el inmenso caudal futbolístico de un país que exporta jugadores a medio mundo. Cuando asomaba la paz, estalló la guerra. Mal asunto.