El baño de masas de Rexach

CANUTMANÍA

El baño de masas de Rexach

Periodista

Tuve el inmenso placer de compartir con Carles Rexach el viaje a Sevilla con motivo del tradicional evento que organiza con esmero Estrella Damm con sus clientes y proveedores en las finales del Barça. Por si no tenía suficientes alicientes un duelo entre Barça y Real Madrid con un título en juego, la presencia de Charly fue muy bien recibida desde el primer momento por todos los asistentes, que recibieron al ex futbolista con una sonora ovación en la misma puerta de embarque del aeropuerto de Barcelona.

Para Rexach fue un viaje especial porque le acompañaba su nieto Carlitos, que con diez años se estrenaba en una final. El chaval quedó impresionado por la gran admiración que despertaba la figura de su abuelo. No tan solo entre los aficionados barcelonistas, sino que hubo, también, muchos madridistas se quisieron fotografiar con la leyenda barcelonista. Con el trato cercano que le caracteriza, ‘el noi de Pedralbes’ se ganó a la concurrencia y dio con su gran sabiduría una auténtica ‘master class’ futbolística durante todo el viaje, que a sus setenta y ocho años soportó de manera estoica.

El Barça no pudo tener un mejor embajador, capaz de lamentar que los de Hansi Flick dejaran escapar vivos a los blancos en la primera mitad y de pronosticar que habría una prórroga, cuando los de Carlo Ancelotti se adelantaron 1-2 en el marcador. En sus tiempos de futbolista el extremo catalán fue algo discutido por la grada, donde se repartían los seguidores culés entre los admiradores de su indiscutible clase, por el dominio que tenía cuando regateaba y chutaba igual de bien con ambos pies. Mientras, los críticos no le perdonaban lo que ellos entendían como una cierta falta de combatividad, que él mismo definió al afirmar que “correr es de cobardes”.

Algunas de sus actuaciones memorables forman parte de la memoria histórica barcelonista. Como lo fueron los tres goles que le marcó al Feyenoord en la vuelta de los octavos de final de la Copa de Europa 74-75, o el gol de volea desde fuera del área que le metió al Real Madrid en el último minuto en un Camp Nou repleto de ‘senyeres’ catalanas tras la muerte de Franco, que había fallecido un mes antes.

En el momento de su retirada, en septiembre de 1981, Charly tuvo un homenaje memorable. Tenía por contrato la posibilidad de cobrar un fijo de tres millones y medio de las antiguas pesetas y renunciar al encuentro. Pero prefirió arriesgar y se puso en manos de Josep Maria Minguella, con quien acordaron la presencia de la selección de Argentina.

Se trataba de la vigente campeona del mundo, con el refuerzo añadido para César Luis Menotti de contar con el concurso de Maradona. El ‘Pelusa’ era entonces el gran deseo en forma de fichaje del presidente Núñez. Por la participación de la albiceleste la AFA se embolsó catorce millones e incluso Rexach tuvo que viajar a Valencia para que Mario Kempes le garantizase la asistencia de los cracks en el partido. Los derechos televisivos del encuentro se vendieron a varios países, menos para España, para no perjudicar la asistencia de público.

En plenas obras de ampliación para el Mundial 82, el Camp Nou se llenó como nunca se había visto. Mucha gente trepó por las columnas de nueva construcción. con el riesgo de sufrir un accidente grave. El Barça se impuso por 1-0 con gol de Simonsen y fue todo un negocio porque tras la liquidación de ingresos y gastos, Charly recaudó treinta millones limpios, la mayor ficha de su carrera. Y eso que en el momento de cerrar las cuentas le cobraron hasta las aguas que habían consumido los jugadores. Este acabaría siendo el último gran partido de despedida de un futbolista del Barça.

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