La bomba explotó en Estados Unidos. Trump ha roto relaciones con su amigo Musk, que es el emperador del coche eléctrico. Y nos hemos quedado a oscuras.
No fue lo mismo en la final que se celebró la noche del sábado en Munich. Por fin, el Paris Saint Germain consiguió su propósito de poder tener en las vitrinas parisinas la ansiada Copa de Europa. En realidad, no hubo partido. Los muchachos de nuestro Luis Enrique barrieron desde el primer momento el juego endeble de los italianos y, lo más sorprendente, empezaron a marcar goles como si fuese un entrenamiento. Tengo la impresión de que los culés estamos muy contentos con el éxito de Luis Enrique, ha salido el recuerdo de su llorada hija Xana. Y no podemos olvidar que esta personalidad especial dejó un día Asturias para ir a Madrid y luego, cuando parecía que era blanco por la fuerza con la que se cogía la camiseta, se vino junto a nosotros para desarrollar unos años de carrera excelentes.
El mundo del fútbol da tipos especiales. Diría que Luis Enrique es uno de estos, alguien que no se puede encasillar en ninguna idea previa, sino que él actúa sobre la marcha. Es un atleta practicante que sabe regular el esfuerzo de sus jugadores para que den el máximo sobre el terreno de juego. Todo esto no habría llegado a buen fin sin la influencia portuguesa. ‘A la chita callando’, los lusos van colocando gente muy entendida en fútbol en lugares clave.
Con Maldonado, por una causa benéfica
Estoy en el campo de golf de La Roca cuando escribo estas líneas para el artículo semanal en Mundo Deportivo. Se está celebrando el torneo benéfico que organiza, con la ayuda de varios sponsors, nuestro amigo Josep Maldonado.
Normalmente - y así es en la práctica- los resultados positivos del torneo ayudan a determinados centros situados en África. El día ha salido magnífico, la gente ha respondido como se esperaba y es una matinal de domingo indescriptible, tanto sobre el campo de 18 hoyos, como en los actos posteriores de entrega de premios. Las instalaciones están, como siempre, a un excelente nivel y es una satisfacción poder colaborar en actos que puedan servir de ayuda. Mientras pueda, aquí estoy.
En el caso de Qatar, por allá tienen a Antero, que fue director deportivo de una muy buena época del Oporto, y que ahora hace llegar sus conocimientos a los jerarcas propietaros del PSG.
Y, además, este histórico club que nunca había conseguido un gran éxito mundial, tiene incorporado en su estructura a Luis Campos, un experto ‘cazatalentos’ que ya hizo campeón al Mónaco y que ahora ha vuelto a ayudar al PSG para llegar a este destino final.
Quizás 5 fueron demasiados, pero va a quedar como la obra de uno de los nuestros y esto sirve para hacernos presumir. Adelante.