Ni Flu ni Fla ni Botafogo ni Palmeiras. Ninguno de los cuatro grandes clubs brasileños que llegaron al Mundialito estarán en la final. El que mejor papel ha hecho ha sido el Fluminense, rival histórico del Flamengo (protagonizan el famoso Clásico de Brasil, Flu-Fla) pero el Chelsea de Cucurella lo apeó gracias a dos goles de Joao Pedro, precisamente un brasileño que pidió perdón a la afición de su país tras marcar los dos tantos. El Flu es un buen equipo, dirigido por Renato Gaucho, que tiene en su plantilla al jugador más veterano del torneo, Fabio, el meta de 44 años que comparte alineación titular con Thiago Silva, el central de 40 años. El portero brasileño está a 20 partidos de igualar el récord de Peter Shilton, el mítico meta inglés que es el jugador con más partidos de la historia (1.411) y que se retiró a los 48 años después de disputar tres copas del mundo y sufrir en sus carnes la famosa ‘mano de Dios’ de Maradona en México-86.
El Fluminense, que ganó la Libertadores en 2023 a Boca Juniors, ha tenido referencias del Barça a lo largo de su historia. Sobre todo, por dos jugadores. El primero, Romerito, un paraguayo que fichó Cruyff un miércoles para suplir la baja de Bakero y enfrentarse el fin de semana al Real Madrid y que tras jugar 470 minutos con el Barça marcó un gol en su último partido frente al Málaga pero no fue el revulsivo esperado y sí, en cambio, un fichaje polémico en su día. Venía de triunfar en el Fluminense con quien había ganado el título brasileño. 26 años después de aquel legendario triunfo, el Flu fichó en 2010 a Deco, el ex jugador del FC Barcelona y volvió a campeonar. Con el actual director de fútbol del Barça en sus filas volvieron las mejores épocas del equipo brasileño, de origen aristocrático y que juega en Maracaná. El Chelsea de Cucurella (que salvó un balón bajo los palos) lo apeó y espera al vencedor del PSG-Madrid en la final. El enfrentamiento entre Luis Enrique y Xabi Alonso puede ser de lo mejor que se puede ver en este Mundialito. El duelo está repleto de morbo, con Mbappé en las filas blancas, Hakimi en las de PSG, ambos amigos pero con cuentas pendientes con sus antiguos clubs y con la presencia de Dembélé y Doué que se juegan algo más que un título.