La persona y el deportista

La persona y el deportista

Director de la Fundació Brafa

Hace unos días Scottie Scheffer conquistó el British open de golf. En 2025 ha ganado cuatro títulos en el PGA Tour, por los que se ha embolsado 19,2 millones de dólares y ya lleva 149 semanas siendo el número uno.

Es uno de los mejores jugadores de golf de la historia. Gana mucho dinero, pero sigue llevando una vida sencilla, sin estridencias. Es un ejemplo muy interesante de la separación entre el deportista y la persona. Lo plasmaba así en la rueda de prensa después de ganar el British Open: “Solo porque ganas un trofeo no es que vayas a ser feliz. Bueno... al final, hay más vida que jugar al golf”. Y lo completaba diciendo que para él ser un buen padre es mucho más importante que ser un buen jugador de golf.

Scheffer tiene bien clara su identidad, sus prioridades y lo que significa triunfar: “Tener éxito en el golf, no satisface los deseos más profundos de mi corazón... No me identifico como un golfista. No me identifico con ganar torneos o ser famoso”.

Es un campeón que no está centrado en las victorias y esta mentalidad le hace rendir más, ya que no siente la presión de tener que demostrar nada a nadie, juega al golf de maravilla y lo disfruta, dándolo todo para conseguir su máximo rendimiento. Distingue entre la persona y el deportista. Tiene muy clara su identidad. Así lo manifestaba hace un año, en la rueda de prensa después de ganar el masters de Augusta: “Un amigo me recordó ayer que mi victoria ha sido asegurada en la Cruz (él es católico), y que gane o pierda mañana, esto no añadirá nada a mi identidad”.

Cuando el deportista se “come” a la persona, tiene un problema. En la sociedad de las apariencias y de las opiniones, el éxito y la fama fácilmente absorben a la persona. Es un riesgo que corremos todos y que afecta especialmente a los deportistas profesionales, que están más expuestos y rodeados de un entorno alejado de la realidad. Lo resume bien la frase “si el éxito te cambia es que no estás preparado para el éxito”.

Lo sentenció Andrés Iniesta en la madurez de su carrera: “El deportista se va, se queda la persona”. Porque un deportista de élite es mucho más que alguien que pedalea encima de una bicicleta o que chuta un balón.

Se ha hablado mucho de la fiesta de cumpleaños de Lamine Yamal. Más allá de cómo quiera celebrar su cumpleaños o del color con que se tiñe el pelo, lo que realmente importa es que tenga clara su identidad y que el futbolista no aniquile a la persona. Buenos consejos nos da Ricky Rubio, que ya ha pasado por este proceso del que ha aprendido mucho. Me quedo con esta frase: “Si he llegado donde estoy no es por las asistencias que he dado, sino por las que he recibido”.

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