En el Dragon Khan
OPINIÓN
ElFC Barcelona casi nunca comienza una temporada con tranquilidad. La historia está llena de ejemplos en los que el equipo blaugrana arrancó con problemas de todo tipo. Desde el caso Alexanco en la pretemporada 1988-1989 en Papendal (Holanda), hasta el anuncio de la marcha de Neymar Jr. en plena gira americana en 2017, sobran precedentes.
Sin embargo, lo que ocurre este año supera todos los límites: el lío con Nico Williams, los problemas con los organizadores de la gira asiática, el fiasco en las retransmisiones, las dudas sobre el estadio en el que jugará el primer equipo, fichajes y salidas aún por resolver, descartes polémicos, ofertas tentadoras por jugadores clave, las restricciones del fair play, el retroceso de las secciones -incluidas la de fútbol femenino y baloncesto-, el escándalo con las nuevas camisetas Nike, las dudas sobre la gestión de la junta de Joan Laporta, el caso Negreira aún en el aire, la hostilidad de Javier Tebas, los arbitrajes polémicos desde el inicio, las tensiones con el Ayuntamiento y la UEFA, y hasta comisiones de dudosa transparencia. Y seguramente falte algo en la lista.
Cada uno de estos asuntos daría para un análisis profundo. Año tras año, el Barça afronta la obligación de luchar por Liga, Copa, Supercopa y Champions. Pero su mayor enemigo no es el calendario, sino él mismo causada por un desequilibrio institucional interno y una gestión deficiente, enquistada desde hace años. El club se enfrenta a rivales deportivos, económicos y políticos, pero sobre todo, se enfrenta a sí mismo.
El caso de las camisetas lo refleja bien. No se sabe si la culpa es de Nike, del club o de LaLiga, pero es bochornoso que el primer equipo haya tenido que jugar dos partidos con las equipaciones del año pasado. O el Barça no se hace respetar, o directamente no se respeta a si mismo.
El estadio y el enigmático futuro del Palau son otro ejemplo del caos institucional. La situación ha llegado al punto de parecer una tragicomedia. Se ha involucrado incluso al timbaler del Bruc, que dejará en nada los pitidos al himno de la UEFA, un detalle que sigue marcando un clima de tensión que no ayuda en nada al equipo.
Lo curioso es que, en lo deportivo, la debilidad no está en el césped. Al contrario, la irrupción de jóvenes como Pedri o Lamine Yamal ha sido un soplo de aire fresco. El problema está en la institución no en el césped.
Y, por si fuera poco, la propia competición. El arbitraje ante el Levante y decisiones como el penalti a Balde o la falta no sancionada a Tchouaméni en el último Clásico vuelven a poner en entredicho a un campeonato en el que el Real Madrid recibe, año tras año, favores escandalosos.
Todo esto ha convertido el inicio de la temporada 2025-26 en una auténtica montaña rusa. Para el Barça es un viaje en el Dragon Khan que exige un cambio profundo en la gobernanza del club. Una transformación que debería llevar a una verdadera democratización del fútbol español, todavía marcado por intereses oscuros, centralistas y poco deportivos.
