Fiesta mayor

OPINIÓN

La vuelta a casa no podía ser más redonda. Victoria, goleada con doblete de Ferran, espectáculo de Lamine y Fermín, música, pirotecnia y saque de honor de los socios. El culé disfrutó. Importó poco que el estadio esté a medio construir y aún no pueda acoger la mitad de su aforo. Volver a casa siempre es especial porque conserva su estructura original y su encanto.

El nuevo Camp Nou será un mérito colectivo, un proyecto transversal que trasciende a una directiva. Agustí Montal compró los terrenos y Miró-Sans lo construyó, Núñez lo mejoró y amplió, y Rosell y Bartomeu tuvieron la visión de iniciar el largo proceso de remodelación. Celebraron un referéndum, hicieron un concurso internacional, fijaron el coste en 600 millones, que luego se actualizó hasta los 850, lograron las licencias de obras, consiguieron el consenso político para la Modificación del Plan General Metropolitano, derribaron el Mini y construyeron el Estadi Johan Cruyff. 

Aunque Laporta dijera en 2015 que “el Espai Barça es una farsa y un engaño” y Elena Fort criticara duramente que costara 850 y ahora celebre que cueste 1.500 y sin noticias del Palau, han tenido la valentía de ejecutarlo, previa modificación del proyecto ganador de Nikken Sekkei, duplicando el coste, eligiendo una constructora que, según el propio Comité técnico del club, era la peor valorada, y firmando la financiación con intereses altísimos. Lástima que ayer sustituyeran la grada de animación por lonas y que, debido al desorbitado precio de las entradas, fueran turistas adinerados, en lugar de abonados históricos, los que disfrutaran de una vuelta tan deseada como tardía

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