
Música de Titanic para el Real Madrid
PANTALLA PLANAS
El jueves, Josep Pedrerol abría su Jugones dedicando cinco minutos a profundizar en cómo el árbitro había perjudicado al Real Madrid. Cuando ya se habían fijado en todas las jugadas y las polémicas, el presentador —que no da puntada sin hilo— destacaba una imagen del final del partido para despertar suspicacias: “La tensión se disparó tras el pitido final. Todos los jugadores del Madrid fueron a por el árbitro. Bueno… ¡Casi todos!”. Una corrección forzada para que el espectador se fijara en la sospechosa excepción. Efectivamente, el vídeo empezaba destacando la vehemencia de Güler pidiendo explicaciones al árbitro y cómo, a continuación, era la plantilla del Real Madrid la que se unía a la protesta. La locución iba indicando los nombres de los jugadores indignados e incluso les ponían un círculo encima para señalar bien quiénes eran. “Hasta nueve jugadores llegan a rodear al árbitro”, aseguraban congelando la imagen para añadir gravedad al instante. Y entonces llegaba el momento del refinamiento periodístico: “Una imagen que contrasta con la de Mbappé. El francés mira a escasos metros, no participa, saluda a Kompany y se aleja de la polémica mientras Bellingham tiene que ser parado”. Una aportación curiosa donde se intenta establecer un rango de compromiso con el equipo en función del enfado con el árbitro.
En ‘El desmarque de Cuatro’ fueron menos sutiles en otra cuestión: la posible despedida de Arbeloa a final de temporada. El programa se preguntaba si sería ‘el último baile en Champions’ y Manu Carreño planteaba si el técnico, en rueda de prensa, estaba ya asumiendo que era el principio del fin. Recogían las respuestas del entrenador sobre su futuro. Pero lo cómico era la melodía que le añadieron, de forma enfática, por encima de sus palabras. Era la música de violín más triste que hayan escuchado nunca. Un gemido de violín que te rompe por dentro. Una composición propia del funeral más triste que puedan imaginarse. Eligieron el tema ‘Nearer My God to Thee’. Los supervivientes del Titanic aseguraron en el pasado que este triste himno era el que tocaba la orquesta mientras el barco se hundía. James Cameron lo respetó así en la película, como un clímax dramático. Una melodía con aires de muerte inevitable.