Alexander Zverev e Ícaro

TENIS WIMBLEDON (Protagonista)

Manuel Sánchez Gómez

Londres, 1 jul (EFE).- Cuando Alexander Zverev agacha la cabeza y la ladea de forma horizontal, niega su existencia y su presencia en los Grand Slam, un privilegio para muchos, un castigo para el alemán.

Este lunes, el germano volvió a vivir otra pesadilla cuando los estadios se llenan y el árbitro les indica a los jugadores que el encuentro se disputará al mejor de cinco sets.

Zverev, al escuchar esas palabras, tuerce el gesto. En el fondo sabe que esos cinco sets no son buena señal, que a la larga le puede acarrear problemas.

Pero el larguirucho enfila su lado de la pista y comienza a pelotear, pensando que quizás hoy sí sea su día. Al fin y al cabo, en el pasado Roland Garros igualó su techo en estos torneos -cuartos de final- y la hierba es una superficie que se adapta bien a su juego, aunque él mismo lo niegue.

El primer resoplido de alivio llegó tras ganar el primer set. 6-4 y en sus hombros una pista 1 remodelada pero que seguía escondiendo en sus recovecos unos fantasmas presentes y lúgubres.

Entre estos muros y en una soleada tarde de verano londinense, Zverev se despidió el año pasado de Wimbledon, sucumbiendo ante un efervescente como Ernests Gulbis.

Aquel día fueron cinco sets y un 6-0 final lo que expulsaron al joven alemán. Esta vez el sol también lucía y parecía que a su favor. Quizás en ese momento, el pensamiento de que no era un Masters 1.000 o un ATP 500 cruzó la mente de Zverev. O quizás fueron esos problemas personales que de vez en cuando el germano menciona.

"Todo lo que pasa fuera de la pista te afecta. Estos últimos dos días han sido muy duros para mí, personalmente", aplacó.

Vesely, relegado a los torneos Challenger y aupado al cuadro final tras paso por la previa, no asustaba, a priori. Pero un buen sacador, junto a la tenaza que aprieta a Zverev cuando llegan los cinco sets, le sacaron del encuentro.

6-3 igualó el encuentro el checo y arrancó el run run en la pista 1. 6-2 para Vesely y el run run era casi ya un clamor general. La sorpresa estaba a punto de producirse. Ícaro se había equipado las alas y se acercaba al sol.

Sacando primero el checo en el último set, toda la presión recaía en el chico de 22 años, en el inexperto en estos momentos, en el que tenía todo que perder y nada que ganar.

Cuando Vesely aprovechó su primer punto de partido, Zverev volvió a protagonizar la imagen que le acompaña en Melbourne, París, Londres y Nueva York. Meditabundo y cabizbajo, se arrancó la bandana de la cabeza y abandonó la pista, esperando, eso sí, como marca la tradición a su verdugo.

"Ha sido un partido típico de Grand Slam para mí. Empecé bien, entonces una o dos cosas no fueron cómo pensaba y todo se vino abajo", expuso Zverev más tarde en rueda de prensa.

Otra decepción, otro Milos Raonic, Gulbis, Philipp Kohlschreiber, Dominic Thiem o Borna Coric. Otro nombre que añadir a la lista de jugadores que le han batido en Grand Slam.

Con 22 años, los mejores ya habían besado varios 'majors'. Zverev sigue siendo el chico que puede pasar una buena noche, pero que al final se marcha solo a casa.

Uno de los llamados a sostener el tenis tras el 'Big Three' vuelve a demostrar que está aún demasiado inmaduro para ello. Un niño que intenta volar fuera del refugio de los torneos pequeños, pero que. como le pasó a Ícaro, si se acerca demasiado al sol, se quema. En Wimbledon, Zverev volvió a arder. EFE

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