
Lo de Benzema
A Kyrgios le derrota Khachanov y hace una escabechina con las raquetas nada más terminar el partido. Un show. Maneras de perder. Primoz Roglic, ganador de las tres últimas ediciones de la Vuelta, cruza la meta de Tamares como un ecce homo y, roto, no toma la salida en Aracena. Una lástima porque estaba más cerca del fenómeno Evenepoel. Karim Benzema, cojo, con molestias en la rodilla derecha –¡tiembla el misterio!–, abandona en Glasgow al filo de la media hora.
Todos deportistas, distintos avatares. El tenista y el ciclista dejaron de competir, uno por su mala cabeza y otro porque un día señalado la fatalidad se cebó con él. Lo del futbolista es otra historia. Karim es el símbolo del Madrid campeón, el jugador franquicia, el próximo Balón de Oro; faro en el campo, líder en el vestuario, imprescindible por lo que hace, por lo que enseña a jóvenes que templó, como a Vinicius, y porque no hay en la plantilla un sustituto a su altura ni un delantero con su capacidad goleadora. Marchó Cristiano, despidieron a Bale, traspasaron a Jovic, Mariano no arranca, a la sombra de la sopa boba, y en el Madrid se hacen cruces. Si hay un jugador imprescindible, ése es Benzema. Sin embargo, cuando le relevó Hazard, que tardó un tiempo en coger el sitio y en soltarse, el equipo jugó mejor, de ahí el 0-3. Consecuencia también del ritmo infernal del Celtic en la primera parte. Posiblemente las molestias del delantero, apenas apreciables en el partido contra el Betis, terminaron por acelerar su lesión y lastrar su rendimiento. Su baja es importante, ojalá que sea no trascendental, como se comprobó en el Celtic Park; pero inquieta porque no tiene en el plantel un recambio natural. Y la temporada es larga, muy larga, larguísima.